Tensiones en Oriente

Hace poco estuve en la ciudad china de Beijín, ya que fui a investigar sobre un procedimiento alternativo para tratar la diabetes en el pie, traducido al español como pie diabético tratamiento, un procedimiento que consta de masajes estratégicos que alteran la producción de la glucosa en el cuerpo.

Al estar en aquel país, puse mucha atención en el entorno que ahí se vive y en el comportamiento de las personas, ya que el día de hoy China es uno de los países en cuyas manos yace el destino del mundo y me queda muy claro que es ahí donde una confrontación apolítica podría desenvolverse.

Desde hace ya varios años, China ha decidido abrir sus fronteras comerciales para poder extender su influencia económica lejos de sus propias fronteras, a modo de poder mantenerse a flote en un mundo globalizado que avanza a velocidades intrépidas.

Al tomar este paso, China cambió su manera de producir y de exportar, poniendo mucho énfasis en las telecomunicaciones modernas que hacían y hacen del mundo un lugar pequeño e interconectado, donde las diferencias culturales y lingüísticas entre los pueblos se reducen de enorme manera.

A su vez, China abandonó el sistema de granjas colectivas que habían sido la forma más popular de producción en la China comunista, así como en la Unión Soviética y pasaron a un sistema más empresarial, donde todas las personas que trabajaban la tierra colectiva se mudaron a las ciudades costeras chinas para trabajar en grandes empresas, tanto nacionales como trasnacionales.

Debido a este movimiento radical, China comenzó a crecer económicamente de una manera brutalmente veloz, por lo que los países occidentales le apodaron “El gran Dragón Rojo”, convirtiéndole en una nación a la que muchos países vecinos y lejanos comenzaron a temer.

El objetivo principal de este crecimiento económico siempre fue y es el igualar y sobrepasar a los Estados Unidos de Norteamérica, algo que aunque China ha crecido bestialmente, sigue muy lejos de concretarse.

No obstante, el crecimiento económico de una nación trae consigo siempre el enorme incremento militar, para poder así defender sus intereses comerciales, políticos y económicos, algo que solo se puede obtener con fuerza bruta de calibre mayor, especialmente cuando hay naciones con tanto poder militar.

El alto mando del partido comunista chino entendió desde el principio que le sería imposible emparejarse con los Estados Unidos en infraestructura militar convencional, como es el caso de tanques, portaaviones, helicópteros, carros armados y piezas de artillería pesada y ligera, ya que sus posibles adversarios se han estado construyendo en este sector masivamente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Consecuentemente, China apostó a fortalecerse masivamente en el sector submarino, supersónico, nuclear  y aéreo para asegurar una respuesta rápida y masiva a una amenaza occidental.

Para que esto sea aún más efectivo, China entiende muy bien que una alianza sólida con Rusia es crucial, algo que el presidente Donald Trump está atacando de manera sigilosa.